La destrucción anímica de la víctima después de convivir con un psicópata

La primera impresión al conocer a una pareja víctima de un psicópata es un tanto impactante, es como si estuvieras delante de "un país en ruinas", estás viendo un paisaje totalmente desolado, como si por ella hubiera pasado una guerra y todo estuviera destruido; pero una destrucción concienzuda, habiendo una profunda desolación en ella. 

A toda esta sensación de devastación, le acompaña un miedo, un miedo profundo, un miedo que le produce el saber que parece que no puede defenderse que está a merced de su enemigo, a lo que él decida, una especie de miedo que cuando lo siente lo único que hace es huir: es el pánico, e terror. El mismo miedo que siente una persona cuando un tiburón le ataca, está a su merced, su vida depende de lo que el animal decida en ese momento, no se puede luchar sino huir, pero la bestia es más rápida, te tiene en sus manos. Todo ese miedo lo produce la idea de que todo lo que ha pasado pudiera volver a repetirse, como una pesadilla de la que nunca te despiertas.



Junto con este miedo, siempre una fiel compañera: la duda. Una profunda duda siempre le acompaña, cuando el miedo descansa, le reemplaza la duda. El mecanismo de defensa es simple: primero va la pregunta, luego la duda cuestiona la respuesta, si la duda pasa de cierta magnitud, entra el miedo, y después del miedo, viene la huida. Tantos años de sufrimiento la convierten en un ser huidizo, desconfiado, temeroso, sin fuerza aparente. Hay un trauma muy profundo, muy enraizado. Todo aquello le alcanza lo más profundo de su ser. A todo ese trauma le acompaña una salud quebradiza. Tantos años de sufrimiento pasan factura en su mente, pero también en su cuerpo. Su cuerpo se ve envejecido, lleno de cicatrices, cansado de tanto batallar, tantas heridas mal curadas.

Esto es lo que puede verse en una víctima después de salir del mundo del pscicópata y tras años de convivencia. Sin embargo, lo que el enemigo no se da cuenta es que no es destruida, por una sencilla razón, porque es mucho más fuerte que él. Incluso destruida como está, hay algo que la empuja a salir adelante, a reconstruirse, una fuerza pequeña al principio, pero que se va haciendo con el paso del tiempo cada vez más y más grande: su luz; la luz que todas las víctimas tienen.


Rafael Moreno


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